|
Despierta
la mañana perlada de gotas de rocío
con
el brillo magistral de la primeriza luz del alba,
y
se arremolinan en la sutil corriente de las brisas
los
ariscos vuelos de las aves, agitando sus alas.
La
quietud silente de la dormida bóveda nocturna
se
desvanece en los rayos del sol que airosos se levantan,
pintando
de colores la campiña, el ondulante arroyo,
el
añoso bosque, la flora silvestre y las verdes plantas.
Majestuosos
los árboles altivos, como eternos gigantes,
flamean
sus hojas y en el césped su sombra desparraman,
acunando
a los nidales en las horquetas de sus gajos,
y
cimbrando porque el viento abate su furia entre las ramas.
Jaspeada
por matas de trébol la gramilla cubre el suelo,
se
quiebra el paisaje por una huella profunda y curvada,
a
lo lejos se extiende el horizonte, lejano y perdido,
y
enlazado a un azul cielo plagado de nubes blancas.
Todo
es como un cuadro compuesto por la mano de un artista,
quien
ha reflejado fielmente lo que ve con pinceladas,
mostrando
con ternura y con pasión a la Naturaleza
que
nos inunda el corazón de fe, de amor y de esperanza.
|